10 de febrero de 2013

La mujer madura

La mujer madura:
La mujer madura alcanza su madurez a través de la responsabilidad. La mujer madura, ha vivido experiencias buenas y malas, La mujer madura es responsable por cada acción de su vida y sobre todo, ha aprendido a vivir bajo los principios de Dios.



Dicen algunos que, a cierta edad, después de los cuarenta, nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina, y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que sólo cabe el ímpetu de los años jóvenes.
Yo no sé si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable.
Pero nunca como hoy fui tan consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfruté tanto de cada momento como ahora, que Soy una mujer madura.
Ahora se que no soy la princesa del cuento de hadas y que no necesito que me venga a salvar un príncipe azul en su caballo blanco, por que ni soy una princesa, ni vivo en una torre, ni tengo a un dragón que me esté custodiando.



Hoy me reconozco mujer, capaz de amar. Soy una mujer madura.
Se que puedo dar sin pedir, pero también se que no tengo que hacer nada, ni dar nada que no me haga sentir bien.
Por fin encontré, hasta ahora, al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas.
Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, y de equivocarme, de no responder a las expectativas de los demás Y a pesar de ello, sentirme bien.



Y por si fuera poco, saberme querida por muchas personas que me respetan y me quieren por lo que soy, si,… así un poco loca, mandona y muchas veces terca. También cariñosa, platicadora, besadora, abrazadora y a veces por algún motivo, triste, por que también tengo mis momentos tristes, esos en que pongo mi cara larga con un aire de pensante y me da por llorar.



Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui en el pasado,… sonrío a la que soy hoy,… me alegro del camino andado, y asumo mis errores. Soy una mujer madura.



¡¡¡Hoy sé que nadie es responsable de mi felicidad, sino yo misma.
Hoy me doy cuenta que no soy una mujer invisible.
¡¡¡¡¡Ya aprendí que DIOS siempre está en mi camino!!!!! Y me dice: No te dejaré ni te desampararé. Tu eres la niña de mis ojos. Tu valor es incalculable.



Engañosa es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme a Dios, ésa será alabada. Probeverbios 31:30.

Alva Vargas de Contreras

Teologia e Historia

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