30 de julio de 2008

¿Tenemos una revelación de Dios?

Recibi un documento el cual publico y lamento no tener la fuente de donde se obtuvo esta información, pero lo publico esperando sea de utilidad a usted amable lector.

La Biblia: ¿es la revelación de Dios, en la que se nos da el verdadero conocimiento acerca de Él mismo, de Sus obras y de Su actuación tanto en creación como en providencia, en salvación como en juicio, y acerca del hombre, su origen, propósito y destino? El que ha llegado a reconocer el innegable hecho histórico de la resurrección del Señor Jesucristo de entre los muertos (Para justificar esta afirmación, recomendamos al lector la obra de Josh McDowell, El Factor de la Resurrección Terrassa: CLIE 1988) y ha puesto su confianza en Él sabe que así es, que la Biblia es la Palabra de Dios.En efecto, la resurrección de Jesucristo es el sello y la culminación de Su obra, lo que le acreditó como Hijo de Dios con poder (cf. Rom_1:4), aunque ya antes de entregarse a la muerte por nuestros pecados Él confirmase de muchas formas y en muchas maneras que verdaderamente Él era Dios con nosotros, el Unigénito del Padre.
Así, es evidente que lo que Él afirmase acerca de las Escrituras tiene, y debe tener, un peso decisivo por sí mismo para todo aquel que profese creer en Él. Él dijo de las Escrituras del Antiguo Testamento: «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota (La palabra «jota» se refiere a la letra hebrea más minúscula, la yod, y la «tilde» a los diminutos trazos que distinguían a menudo diferentes letras, como en el alfabeto latino sucede entre la O y la Q.) ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Mat_5:18). En otra ocasión, el Señor Jesús declaró: «La Escritura no puede ser quebrantada» (Joh_10:35). Estas declaraciones, junto con la del apóstol Pablo en 2 Timoteo 1:13, declaran de manera patente la inspiración verbal plenaria.
Con respecto al Nuevo Testamento, tenemos el mandato y la profecía que Jesucristo dio a los apóstoles en 16:13: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad ...», y en Hechos 1:8: «Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.»
No son precisas grandes luces para ver que aquí tenemos lo que la Biblia misma enseña de manera insistente: la inspiración verbal total y plenaria. De este modo se ha producido un texto que es comunicación de Dios a los hombres. Esta misma enseñanza incluye el elemento humano en la redacción de la Revelación: el elemento humano fue preparado por Dios (cf. Jer_1:15; Hch 9:15) para esta especialísima misión, en la que Dios no sólo inspiró a personas, sino que aquellas personas fueron «hechas a medida» para las respectivas misiones y mensajes que se les había encomendado. Esta enseñanza se repite una y otra vez, como podemos ver en pasajes tales como 2 Timoteo 3:16 y Hebreos 1:1-2, y en muchos otros que dan de manera implícita lo que en éstos se expone tan claramente.
Si ello es así, si la cosa está tan clara, si tenemos un sello tan manifiesto y convincente del mismo Señor Jesucristo y de sus apóstoles escogidos, de que la Biblia es la Palabra de Dios, plenamente inspirada y sin error, ¿a qué se deben las corrientes de pensamiento que discrepan de esta afirmación, y que mantienen que no es así, sino que la Biblia no es plenamente inspirada?
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