19 de julio de 2007

Contraluz

Retorno al conservadurismo Benedicto XVI lidera una revolución ortodoxa que podría tener un alto costo para su iglesia.
Por: Haroldo Shetemul

EL 20 DE ABRIL DE 2005, Joseph Ratzinger celebró su primera misa como Benedicto XVI en la Capilla Sixtina, frente a los 114 cardenales que lo eligieron como el Papa número 265 de la Iglesia Católica. En esa oportunidad hubo un detalle que paso casi inadvertido: pronunció la homilía en latín. Sin embargo, tal delicadeza fue el punto de partida de una revolución -¿o involución?- conservadora que impulsa este pontífice alemán. Pero en realidad no tendríamos que verlo como un gusto o capricho personal de un jerarca religioso, sino como la expresión orgánica de un sector fundamentalista que ahora emerge como la principal fuerza en esa iglesia. ¿Cuál es el objetivo de esta posición conservadora? No es ningún secreto que la Iglesia Católica no sólo ha perdido influencia política y en su seno bullen posiciones de diverso tipo, sino que ha visto la fuga de millones de fieles hacia el protestantismo. Juan Pablo II buscó resolver esos problemas a partir de convertirse en un misionero que lo catapultó a figura política mundial, y con ello también trató de rescatar las ovejas que se habían ido. En cuanto a la problemática interna, pareció sesgarse hacia posiciones conservadoras, pero sin perder de vista las concesiones hacia otros sectores del catolicismo. El “Papa peregrino” se volvió popular e incentivó el acercamiento católico con expresiones vernáculas en todo el mundo, lo cual fue visto por los sectores radicales como la pérdida de identidad de esa iglesia.

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